Liza Ambrossio es licenciada en Ciencias de la Comunicación (UNAM) y Diseño Industrial (UAM-UT), realizó el Máster PHotoESPAÑA. Teorías y Proyectos Artísticos en la escuela PIC.A y, de la mano de la serie La Ira de la Devoción, participó en el visionado de proyectos del FotoFest de Houston y en el festival Cortona On the Move, recibió una mención honorífica en los Encontros Da Image portugueses y el primer premio Voies Off de Les Rencontres de Arlés. También fue invitada a exponer en el festival británico FORMAT19, próximamente, y resultó finalista en el Burn Award de la Fundación Magnum y Fujifilm, todo ello el año pasado.

Por su más reciente serie Naranja de sangre, ha sido reconocida con el Premio Nuevo Talento FNAC y con una de las becas al talento fotográfico de la Escuela TAI; además, fue seleccionada en el certamen Full Contact de SCAN Tarragona, recibió el DOCfield Dummy Award de la Fundación Banco Sabadell, el Babel Gallery Award del Concurso de Fotografía Contemporánea de América Latina en Monterrey y el premio alemán Discoveries, de Foto Magazine.

Sus becas de residencia le han llevado a Islandia, Estados Unidos, Luxemburgo y Francia. En definitiva, Liza ha labrado en los últimos dos años una carrera sólida y prometedora gracias a su fotografía instintiva y salvaje, ligada estrechamente a su propia vida.

En su trabajo encontramos un radical y original ejercicio de libertad y de autoconocimiento; hay crudeza y también magia, un lado cotidiano y otro casi místico: las suyas son imágenes de lecturas complejas, como las emociones que las originan. También apuntan a reflexiones incómodas, más allá de lo individual, como la rigidez, que ella califica de perversa, de estructuras sociales como la familia y las muchas caras y consecuencias de la violencia sobre la mujer. “no entiendo lo artístico como una actividad, sino como una condición intrínseca e inevitable” comenta.

Los temas que aborda tienen mucho que ver con caídas, a lo más hondo, y vuelos a lo más alto; con lo que no solemos querer ver… hasta que nos supera. Con nuestro lado más escondido, oscuro y auténtico, antitético al social y domesticado. Los demonios que me habitan, la infancia maldita, la vejez que arrastra, la violencia femenina, la brujería, la reencarnación, la locura, la psicodelia, la pasión y el amor.

Aparentemente, las imágenes que componen sus series son independientes, pero atendiendo al conjunto de la producción de Liza y a sus motivaciones, podemos entender todas como el fruto, la huella visual, de viajes mentales o reales que no la dejaron indemne. Sus formas de reflejarlos han evolucionado con los años, siguiendo la cadencia de su proceso personal de destrucción y reconstrucción, de creación a partir de los fragmentos.

 

Sus referentes son muy variados, artísticos, literarios y cinematográficos, pero todos ellos tienen en común el haber concedido a la fantasía la importancia que tantas veces se le niega; menciona a Alejandro Jodorowsky, F.W. Murnau, Roman Polanski, David Cronenberg, Luis Buñuel, William Burroughs, Emmanuel Lubezky y Goya…”Son quizás una suerte de ritual de exorcismo. Pero creo que lo que más ha marcado mi obra es mi creencia en que la realidad está sobrevalorada y la fantasía subestimada; en mi resolución, lo más rico que existe en la vida es la fabulación y el poder de imaginar. Por eso es que mi fotografía está cargada de gestos performáticos y cinematográficos, al mismo tiempo alusivos al archivo pictórico y al documental. Consecuentemente, mi trabajo se ha convertido en un ejercicio de libertad siniestra llevada hasta sus más extrañas consecuencias, que posee una fuerte relación con el azar y el instinto, tratando de usar todas las herramientas narrativas para crear alguna emoción dentro de la imperfección”.

“Mi trabajo es una afrenta al terror y la deshumanización, porque creo que la pasión humana es en sí misma un acto de desafío” comenta.

 

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