La Capilla San Bernardo sorprende por su simplicidad y por la forma en que rompe con los parámetros formales y constructivos de lo que representa un símbolo religioso. Planteando una nueva manera de afrontar y ver los edificios de carácter religioso.

Realizada por Nicolas Campodonico en Cordoba Argentina, tiene una superficie aproximada de 92 metros cuadrados, contrastando su exterior conformado por planos y aristas con las formas curvas de las aperturas y superficies interiores.

Buscando ser parte del paisaje que la rodea y dejando de lado toda intención de imposición al mismo, la obra se compone de dos paredes curvas que con sutileza y simplicidad conforman el patio en el cual está contenido el prisma que corresponde a la capilla.

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Dicho volumen se abre en dirección a la puesta del sol, con la finalidad de captar la luz natural en el interior. El ingreso esta desplazado hacia uno de los laterales haciendo que el acceso sea mucho más íntimo, a su vez el pasillo se angosta cada vez más con la finalidad de que lo importante no sea la puerta de ingreso sino lo que hay detrás de ella al atravesarla.

Aquí vemos la primera diferencia con los estándares de la arquitectura religiosa, donde el ingreso es en sí mismo un símbolo de monumentalidad y refleja mediante sus formas, proporciones y detalles las características de la cultura del lugar y de sus habitantes.

Otra diferencia importante radica en el interior de la Capilla San Bernardo, la cual prácticamente carece de decoraciones y ornamentaciones. Solo se observan algunas salientes de ladrillos los cuales sirven de apoyo de pequeñas velas para el momento de oración o celebración de alguna misa, además de una estatua de San Bernardo, la cual es iluminada naturalmente desde arriba mediante un domo circular.

Como carácter relevante se destaca la gran abertura cenital la cual capta el recorrido de la luz natural del sol hasta el ocaso.

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El ladrillo, material predominante de esta obra, remite a la idea de eternidad, observando la capilla podemos decir que fue construida hace pocos años pero también tranquilamente podemos afirmar que su construcción data de décadas. La reutilización de gran cantidad de ladrillos expuestos a desgastes propios de los procesos naturales y del clima de la región reafirma esa idea de mimetizarse con el entorno y no destacarse por sobre el mismo. Este material es explorado en todas sus posibilidades de expresión, el mampuesto se extiende desde el solado concéntrico y sube por la bóveda hasta llegar a cubrir toda la luz.

La simplicidad aparente de sus formas constructivas tiene por detrás un estudio exhaustivo de cómo utilizar el ladrillo, como explotarlo al máximo. Ejemplo es la construcción de la bóveda, donde los mampuestos están colocados en una dirección hasta una determinada altura y luego cambian el sentido para poder lograr cerrar la misma y conseguir el resultado esperado. 

Esta capilla ejemplifica el cómo se puede realizar una gran obra sin violentar el entorno, sin imponerse sobre él a cualquier precio, respetando la naturaleza y la historia, reutilizando materiales existentes y explotándolos al máximo para conseguir el mejor resultado.

 

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