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La producción de Gervasio Sanchez ha itinerado recientemente por muchas ciudades españolas, sobre todo desde que en 2009 recibiese el Premio Nacional de Fotografía.

Conflicto a conflicto, durante veinticinco años, Gervasio Sánchez nos ha mostrado la crudeza de la guerra y de sus huellas en países de América Latina, Asía, Europa y África, conduciendo fundamentalmente nuestra mirada hacia el sufrimiento de sus víctimas directas, que suelen ser también, en el corto y el lago plazo, las más olvidadas.

Además de en estas exposiciones y en los medios para los que ha trabajado, Sánchez ha documentado el sufrimiento sin fronteras en diversos libros propios, como “El Cerco de Sarajevo”, “Kosovo”, “Crónica de la deportación”, etc.

Sus primeros pasos como fotoperiodista los dio en Centroamérica a mediados de los ochenta, cubriendo las negociaciones de paz en El Salvador, el triunfo sandinista en Nicaragua o la tragedia de los desaparecidos en Guatemala. También retrataría la violencia en Chile, Panamá, Perú y Colombia, entonces en imágenes en su mayoría en color, contundentes y austeras.

Ya en los noventa, el seguimiento del conflicto en Los Balcanes marcó un punto de inflexión en su carrera. Continuó fotografiando en color y prestando atención a la violencia ejercida sobre inocentes, pero ganó peso la búsqueda de intimismo en la retaguardia y, con ella, el blanco y negro. Cuando terminó aquella guerra, Gervasio mantuvo el contacto con los protagonistas de sus imágenes anteriores y puso rostro al drama de quienes no aparecieron. Regresaría, no mucho después, a la región para cubrir el conflicto de Kosovo.

En paralelo, ejerció como testigo y cronista visual de dramas africanos, pero fue quizá Sierra Leona el país al que dedicó más tiempo y más miradas, documentando su guerra y su paz, dejándonos observar tanto mutilaciones atroces como los procesos de rehabilitación de los niños soldado y estampas bellas de vida cotidiana.

Y fue en África donde precisamente nació Vidas minadas, la trilogía dedicada a las víctimas de las minas antipersona en países de todo el mundo, por completo en blanco y negro y a las vidas de los amputados.

Otro de sus proyectos más destacados es el dedicado a los Desaparecidos. Nos enseña la cara menos difundida, menos subrayada, de las imágenes de Sánchez: la vida, la belleza y la poesía presentes en los escenarios menos propicios, la captación del pálpito sobreponiéndose y superando, una y otra vez, a la muerte y la aniquilación.

Sus fotografías, en el presente, son obras que suponen una doble reivindicación: la del Sánchez artista y también poeta.

En el disparo de su cámara siempre hay denuncia y siempre hay poesía y la de que es posible hallar, no estética, pero sí impacto estético en la tragedia y un poder crítico superlativo en el arte.

 

Masdearte.com

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